El diario cada vez menos privado de Natsu

12 octubre 2009

Zeitgeist contrastado (XXVI). Continuación de la historia de la Reserva Federal.

Anterior artículo.

Vuelta al índice.

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Una vez ya sabemos cómo funciona un banco central, continuamos con el análisis de las afirmaciones que se hacen en Zeitgeist, the Movie.

¿Dónde estábamos?
Habíamos dejado al senador Aldrich que se dirigía a Washington con su carpeta bajo el brazo con el plan para un banco central privado que había diseñado en Jekyll Island… para presentarlo al Congreso…
Y lo mandaron a freír espárragos.

Repasemos el trasfondo del nacimiento de la Federal Reserve Act («Ley sobre la Reserva Federal»):

Después del casi catastrófico desastre financiero de los dos pánicos bancarios de 1907… era obvio que se necesitaba una reforma de la banca. Los grupos que más deseaban la reforma eran los banqueros de Wall Street, los republicanos y los demócratas de los Estados del Este.
Cada uno por sus motivos, claros:
-Los banqueros querían un sistema de control para evitar las crisis financieras, sí… pero que a ellos no les controlara demasiado. Buscaban un banco central totalmente privado.
-Los republicanos (la mayoría de ellos) buscaban un sistema de control financiero que evitara las crisis financieras sin que el Estado tuviera que intervenir demasiado. Pero tenían que proponer algo que no los ligara demasiado a la impopular banca de Wall Street, a la que el pueblo acusaba (no sin razón) de ser la causante de los pánicos de 1907. Tenían la propuesta de Aldrich, un banco central cuasiprivado.
-Los demócratas del Este querían un sistema de control financiero que evitara las crisis financieras pero controladito por el Estado, a la europea de entonces… un banco central cuasipúblico.
-Algunos republicanos libertarios, como McFadden (al que mencionan en Zeitgeist) y los demócratas del Sur y del Oeste (agrarios), no querían saber de nada que tuviera que ver con Wall Street. Se oponían a un banco central centralizado, esto es, en manos de unos pocos. Los republicanos radicales como McFadden temían la avaricia de “la mafia de Wall Street”, y los demócratas agrarios se temían que un banco centralizado en unas pocas manos, sólo concediera préstamos a las grandes industrias del Norte y el Este, dejando desamparados a sus votantes agrícolas, que necesitaban de los préstamos bancarios para salir adelante. Éstos, o no querían un banco central… o querían uno totalmente público.

Tooooodas estas tendencias se enmarcaron dentro del cambio de poder que se dio en EE.UU. durante la época. El pueblo, muy desconfiado de los grandes banqueros después de los pánicos de 1907, le dio el control del Congreso al partido Demócrata en 1910… justo el año en que Aldrich y su reunión secreta se produjo.

Also in 1910, Senator Nelson Aldrich, Frank Vanderlip of National City (today know as Citibank), Henry Davison of Morgan Bank, and Paul Warburg of the Kuhn, Loeb Investment House met secretly at Jeckyll Island, a resort island off the coast of Georgia, to discuss and formulate banking reform, including plans for a form of central banking.  The meeting was held in secret because the participants knew that any plan they generated would be rejected automatically in the House of Representatives if it were associated with Wall Street.  Because it was secret and because it involved Wall Street, the Jekyll Island affair has always been a favorite source of conspiracy theories.  However, the movement toward significant banking and monetary reform was well-known.3  It is hardly surprising that given the real possibility of substantial reform, the banking industry would want some sort of input into the nature of the reforms.  The Aldrich Plan which the secret meeting produced was even defeated in the House, so even if the Jekyll Island affair was a genuine conspiracy, it clearly failed.

Traducción:
“En 1910, el senador Nelson Aldrich, Frank Vanderlip del actual Citibank, Henry Davison del Banco Morgan y Paul Warburg del Kuhn & Loeb Investment House, se reunieron secretamente en Jekyll Island, una isla de recreo cerca de la costa de Georgia, para discutir y formular la reforma bancaria, lo que incluía planes para una forma de banco central. El encuentro se mantuvo en secreto porque los participantes sabían que cualquier plan que diseñaran sería rechazado automáticamente en la Casa de representantes (el Congreso) si fueran asociados con Wall Street. Debido a que fue secreto, y a que involucraba a Wall Street, el asunto de Jekyll Island ha sido siempre una fuente constante de teorías conspiratorias. Sin embargo, el movimiento hacia una reforma significativa monetaria y financiera era ya bien conocido. No es de extrañar, pues, que dada la posibilidad real de una reforma sustancial, la industria financiera (la banca) quisiera tener algo que decir en la naturaleza de estas reformas. El Plan Aldrich que salió de este encuentro fue derrotado en la casa de Representantes, así que incluso si el asunto de Jekyll Island fue una conspiración de verdad, está claro que falló.”

Viene de aquí:
http://www.publiceye.org/conspire/flaherty/flaherty1.html
y de aquí:
Greider, William (1987), Secrets of the Temple, New York: Simon & Schuster.

No sólo el economista Flaherty dice esto. También lo dicen aquí:

This plan, which was so clearly prepared under the influence of large bankers, was strongly attacked by the progressives and never appealed to the public. Moreover, the conservative Republican Aldrich presented his plan just after the election of 1910, in which the Democrats captured Congress for the first time in nearly two decades while Republican President William Howard Taft, supported by the party’s conservatives, was increasingly besieged by the party’s progressive wing. In short, Aldrich presented his plan just after his party had suffered a serious rebuff at the polls, and while a President sympathetic to his views was under growing attack within his own party.

Traducción:
“Este plan [el de Aldrich], que estaba tan claramente preparado bajo la influencia de los grandes banqueros, fue ferozmente atacado por los progresistas y nunca llamó la atención del público. Más aún, Aldrich, republicano conservador, presentó este plan justo después de las elecciones de 1910, en las que los demócratas obtuvieron el control del Congreso por primera vez en casi dos décadas, mientras que el [todavía] Presidente republicano William Howard Thaft, sostenido por los conservadores del partido, iba siendo cada vez más contestado por el ala progresista de su partido. Resumiendo, Aldrich presentó su plan justo después de que su partido hubiera sufrido una seria derrota en las urnas, y mientras que un presidente partidario de su punto de vista, estaba bajo un creciente ataque dentro de su mismo partido.”

http://www.bos.frb.org/about/pubs/begin.pdf
Página 20.


-¿Cómo es que el Plan Aldrich fue derrotado?

Aldrich no tuvo suerte… su partido no gobernaba ya. Todos veían que su plan estaba influenciado por la gran banca; los demócratas, victoriosos en 1910, no le iban a poner las cosas fáciles… y el ala progresista de su partido (McFadden entre ellos)… tampoco quería ver ese plan ni en pintura. Pero ya se había comprometido con Rockefeller y compañía para presentarlo… y lo presentó. Él esperaba que el Congreso fuera mayoritariamente republicano y de derechas cuando lo presentara, pero los demócratas habían ganado las elecciones.
Obviamente, cuando Aldrich se presentó con su plan ante este nuevo Congreso donde los demócratas eran mayoritarios, lo echaron para atrás. ¿Por qué? Porque ni los demócratas agrarios ni los republicanos progresistas eran tontos ni sordos.
La reunión de Jekyll Island sería todo lo secreta que queráis, pero Aldrich tuvo que describir y relatar ante el Congreso cómo iba a ser su propuesta de un banco central de EE.UU.

Cuando los demócratas oyeron esto:

The Aldrich plan provided for one central institution, to be called the National Reserve Association, with branches all over the country and with the power to issue currency, and to rediscount the commercial paper of member banks. Control of the institution would reside in a board of directors, the overwhelming
majority of whom would be bankers.
The Aldrich plan received scant public support and aroused strong opposition.
Many progressives protested that the Aldrich plan would not provide for adequate public control of the banking system, that it would enhance the power of the larger banks and the influence of Wall Street; and that its currency reform provisions would be dangerously inflationary. «Big financiers are back of the Aldrich currency scheme,» William Jennings Bryan proclaimed.

Traducción:
“El plan Aldrich preveía la creación de una institución central que sería llamada la Asociación de la Reserva Nacional, con ramas por todo el país y con el poder de emitir moneda y de redescontar el papel comercial de los bancos miembros. El control de dicha institución residiría en una junta directiva, cuya inmensa mayoría de miembros serían banqueros.
El plan Aldrich recibió muy escaso apoyo público y levantó una fuerte oposición.
Muchos progresistas se quejaron de que el plan Aldrich no proporcionaría un adecuado control público del sistema bancario, y que lo que haría sería aumentar el poder de los grandes banqueros y la influencia de Wall Street; y que las provisiones para la reforma monetaria serían peligrosamente inflacionistas. “Los grandes financieros son el respaldo del esquema monetario de Aldrich”, proclamó William Jennings Bryan [tres veces nominado candidato demócrata a la presidencia].”

http://www.bos.frb.org/about/pubs/begin.pdf
Página 20 (sí, también).

…y oyeron esto otro:

The Aldrich Plan called for a system of fifteen regional central banks, called National Reserve Associations, whose actions would be coordinated by a national board of commercial bankers.  The Reserve Association would make emergency loans to member banks, create money to provide an elastic currency that could be exchanged equally for demand deposits, and would act as a fiscal agent for the federal government.

Traducción:
“El plan Aldrich llamaba a la creación de un sistema de quince bancos regionales, llamados Asociaciones de la Reserva Nacional, cuyas acciones serían coordinadas por una directiva nacional de banqueros comerciales. La Asociación de la reserva podría hacer préstamos de emergencia a los bancos miembros, crear dinero para proveer de una moneda elástica que pudiera ser intercambiada por depósitos, y que actuaría de agente fiscal del gobierno federal.”

http://www.publiceye.org/conspire/flaherty/flaherty1.html
y de aquí:
Kidwell, David S. and Richard Peterson (1997), Financial Institutions, Markets, and Money, 6th edition, Fort Worth: Dryden Press

…le dijeron a Aldrich que podía meterse su plan por el orto, muchas gracias.

-¿No sirvió el plan Aldrich para nada, entonces?
Lamentablemente, sí que sirvió para algo, sí: fue la base para una de las propuestas republicanas para un acuerdo conjunto con los demócratas sobre un banco central.
A pesar de su oposición al plan Aldrich, los demócratas reconocían que las cosas no podían seguir como estaban. No se podía tener al país eternamente al borde una crisis financiera.
El problema con el plan Aldrich, según los demócratas, era que los bancos regionales serían controlados individualmente Y nacionalmente por banqueros privados, un proyecto que no iba nada bien con los populistas del partido Demócrata, lo que incluía a Woodrow Wilson, el futuro presidente demócrata.

En 1912, Wilson ganó la nominación para la Presidencia por el partido Demócrata, y se convirtió en presidente del gobierno de EE.UU., gracias sobre todo a sus discursos en contra de las “grandes corporaciones”, y aconsejaba contra “una concentración del control del crédito… que pueda convertirse en cualquier momento en algo infinitamente peligroso para la libre empresa”.

Greider, William (1987), Secrets of the Temple, New York: Simon & Schuster.

Aquí tenéis a este señor:
http://en.wikipedia.org/wiki/Woodrow_Wilson

Wilson quería acabar con todo este jaleo. Se necesitaba una reforma financiera urgente, y le encargó al congresista Arsene Pujo que iniciara un comité (House Banking and Currency Committee ) y una ronda de contactos (Pujo hearings) para oír las diferentes propuestas de los congresistas, y para examinar el control y los recursos financieros de la nación .

http://www.bos.frb.org/about/pubs/begin.pdf
Página 21.

De tooooodas aquellas Pujo hearings o “audiencias de Pujo”, surgió…

La legislación que dio lugar a la ya famosísima Federal Reserve Act, también conocida por entonces como Currency Bill (“proyecto de ley sobre la moneda”), o la Owen-Glass Act (Ley Owen-Glass).
Se la llamó “Ley Owen-Glass” porque fue presentada por Carter Glass, representante demócrata por Virginia, y por el senador Robert Latham, senador demócrata por Oklahoma.
La legislación de esta Currency Bill (código H.R. 7837) salió de las aportaciones de muchas y muy diferentes propuestas e ideas formuladas por muchos representantes y senadores de todos los partidos, incluyendo el plan Aldrich.
Sin embargo, al contrario que el plan Aldrich, que le daba el control a los banqueros privados, con muy poca presencia pública, el nuevo plan le daba el control a una entidad pública, la junta Directiva de la Reserva Federal, si bien otorgando una cierta autonomía a los bancos federales, los cuales, durante un tiempo, tuvieron la facultad de establecer su propia tasa de descuento sobre la compra de bonos. La nueva ley también le arrebató a los bancos privados la facultad de emitir billetes, cosa que pasó a manos de la Tesorería de los EE.UU. Otra cosa diferente respecto al plan Aldrich es que los bancos de la nación no tenían la opción de no unirse a la Reserva Federal si no querían… tenían que unirse por narices.

Como podéis observar, casi todo eso ha cambiado hoy día, tal y como vimos en la anterior entrada. Hoy, los bancos federales regionales son mucho menos independientes, la junta directiva manda más, y es la que establece la política financiera. En otras palabras, se llegó a un compromiso entre republicanos y demócratas… en lugar de un banco central casi totalmente público o casi totalmente privado, se llegó a un término medio: una Reserva Federal semipública. Con el paso del tiempo, la “Fed” (como llegó a abreviarse) acabaría siendo cuasipública.

Y se llegó a ese compromiso (Currency Bill) entre las fuerzas mayoritarias de ambos partidos:
-Un sistema de ocho a doce bancos federales regionales autónomos (acabaron siendo doce),
poseídos por los bancos privados de su distrito (al principio estaban poseídos totalmente por la banca privada)…
-pero controlados por una junta directiva nacional (normalmente incluía el Secretario del Tesoro y otros oficiales)…
Nombrada por el Presidente de EE.UU.

Así pues, la propuesta de Sistema de la Reserva Federal sería “poseída por lo privado, pero controlada por lo público”. Lo dicho: un sistema semipúblico.

Todo esto sale de aquí:
http://en.wikipedia.org/wiki/Federal_Reserve_Act
http://www.bos.frb.org/about/pubs/begin.pdf
http://www.publiceye.org/conspire/flaherty/flaherty1.html#3

Hasta aquí lo que dice la Historia, ¿pero qué dice Zeitgeist de todo esto?
Esto es lo que se narra en el pseudocumental:

Después de que esta ley fuera elaborada, fue entregada a su figura política, el senador Nelson Aldrich, para introducirla en el Congreso. Y en 1913, con fuerte patrocinio político por parte de los banqueros, Woodrow Wilson fue presidente, habiendo aceptado ya firmar el Acta de Reserva Federal a cambio de apoyo en su campaña.

Y dos días antes de Navidad, cuando la mayor parte del Congreso estaba en casa con sus familias, el Federal Reserve Act se votó positivamente. Wilson a su vez lo hizo ley.

Mentira.

Hay que tener poca vergüenza para decir todo eso. Cómo se pueden meter tantas mentiras juntas en tan pocas líneas. Analicemos poco a poco este texto, que tiene “cojones”:

Después de que esta ley fuera elaborada, fue entregada a su figura política, el senador Nelson Aldrich, para introducirla en el Congreso.

Mentira. Ya hemos visto que su plan nunca superó la votación.

Y en 1913, con fuerte patrocinio político por parte de los banqueros, Woodrow Wilson fue presidente,

Mentira. Ya hemos visto que W. Wilson era un populista que ganó sus elecciones con un discurso fieramente anti-Wall Street. Los banqueros tenían aliados entre los republicanos (partido de derechas), no entre los demócratas (partido de centroizquierda y anti-banqueros). Wilson era demócrata. Si bien Wilson no era de los más populistas de entre los demócratas, es obvio por sus discursos y su ideología que los banqueros no caían bien a Wilson… ni Wilson caía bien a los banqueros, vaya.

http://en.wikipedia.org/wiki/W._Wilson#Federal_Reserve_1913

habiendo aceptado ya firmar el Acta de Reserva Federal a cambio de apoyo en su campaña.

Mentira. Los banqueros apoyaban a los republicanos, como han hecho a lo largo de toda la Historia de los Estados Unidos. ¿Cómo iban a apoyar los banqueros a un tipo que estaba haciendo campaña en contra de ellos y de “la mafia de Wall Street”? Los banqueros querían que ganaran sus amigos, los republicanos (como Aldrich), para poder establecer un banco central a su gusto. La propuesta de Wilson (la Owen-Glass), si bien no era totalmente en contra de los intereses de los grandes banqueros (como lo era un banco central a la europea, o la propuesta de McFadden), no era precisamente de su agrado.

Además, ¿qué pruebas da Zeitgeist o sus autores de que Wilson “había aceptado ya firmar el Acta” antes de vencer en las elecciones?
Fijaos si serán torpes los autores de Zeitgeist que dicen que había “aceptado ya firmar el Acta a cambio de apoyo en su campaña.”

Mentira. Vamos a ver, hatajo de imbéciles:
-Las elecciones fueron en 1912.
-La idea de la Reserva Federal se creó a partir de las Pujo hearings… ¡¡¡QUE FUERON EN 1913!!!

¿¿¿Pero cómo se iba a comprometer Wilson a firmar una ley… que todavía no se había ni inventado???

Hay que ser mentiroso, mal documentalista… y torpe para cometer semejante fallo. Un fallo de preescolar, vamos: no saben ni contar los años.
Pero es que no hemos acabado. Todavía está lo mejor por venir…

Y dos días antes de Navidad, cuando la mayor parte del Congreso estaba en casa con sus familias, el Federal Reserve Act se votó positivamente. Wilson a su vez lo hizo ley.

Mentira gorda y cochina.

After months of hearings, debates, votes and amendments, the proposed legislation, with 30 sections, was enacted as the Federal Reserve Act. The House, on December 22, 1913, agreed to the conference report on the Federal Reserve Act by a vote of 298 yeas to 60 nays with 76 not voting. The Senate, on December 23, 1913, agreed to it by a vote of 43 yeas to 25 nays with 27 not voting.

Traducción:
“Después de meses de audiencias, debates, votaciones y enmiendas, la legislación propuesta, con 30 secciones, fue promulgada como Acta de la Reserva Federal. El Congreso, el 22 de Diciembre de 1913, aprobó el informe sobre el Acta de la Reserva Federal con 298 votos a favor, 60 en contra y 76 abstenciones. El Senado, el 23 de Diciembre de 1913, lo confirmó en votación con 43 síes, 25 noes y 27 abstenciones.”

http://en.wikipedia.org/wiki/Federal_Reserve_Act

¿Queréis una prueba de esas que no dan lugar a discusión alguna?
En una reunión importante… ¿cómo comprobaríais la gente que ha acudido?
¡¡¡Exacto!!! Consultando las actas y la lista de asistencia.
Pues aquí la tenéis:

(v. 51 Cong. Record, páginas 1464, 1487-88).

Podéis solicitarla aquí vía registro y e-mail, claro:
http://www.gpoaccess.gov/libraries.html

Eso que aporta una servidora es documentación oficial. O-F-I-C-I-A-L. No la opinión de nadie. Do-cu-men-tos. Pruebas serias y contrastables. Esa página web que doy es la página de los registros del Congreso, no un blog ni una página sobre conspiraciones.
Ahora, ¿qué? ¿A quién le exigimos la responsabilidad por este desastre total y absoluto de documentación? ¿A quién le echamos la bronca por mentir?

Señoras y señores, acabo de demostrar con pruebas serias y contrastables…
que Zeitgeist miente.
Esto ya es demasiado como para que sean errores. Son demasiados y en muy poco espacio. Y concatenados uno detrás de otro.

Voy a explicar esto de la votación con más detalle, no vaya a ser que algún “listo” quiera rebatirme sin tener ni idea.
El Congreso aprobó la puñetera ley por 298 votos a favor, 60 en contra y 76 abstenciones / no votaciones / ausencias. Según la Public Law 62-5 de 1911, el número de representantes del Congreso es de 435. Si dividimos 435 / 2 = 217,2. Luego los 298 votos a favor… son más de la mayoría y del quorum necesarios. A mí no me parece una ausencia masiva de congresistas de sus puestos. Me parece a mí que había mayoría cualificada, ¿no?

El Senado aprobó la ley por 43 votos a favor, 25 en contra y 27 ausencias. El Senado americano tiene 100 miembros actualmente (2 por Estado), y en aquel entonces había 48 estados (Alaska y Hawai no eran Estados todavía). 48 x 2 = 96 (el vicepresidente es uno pero vota por doble, por ser de calidad su voto, es decir, el Senado tenía 95 representantes). Si 96 / 2 = 48. Luego había quorum necesario, pues estaban presentes más de la mitad de los necesarios para votar (43 + 25 = 68). Repasemos esto último, lo del Senado, que puede prestarse a confusión. En palabras de Flaherty:

The silliest of the Federal Reserve conspiracy theories is that the Federal Reserve Act of December 23, 1913 passed illegally.  The constitution stipulates that both the House and the Senate must have at least half their members present, a quorum, to vote on any bill.  According to this myth, the Senate voted on the Federal Reserve Act (known as the Currency Bill at the time) deviously in a late night session when most of its members had gone home or had left town for the holiday.  This was done to impose the will of a pro-banker minority on the objecting majority.  Since no quorum was present, the Federal Reserve Act is not valid.
This idea is better described as folklore than a full-blown conspiracy theory because I’ve never been able to find it in print, only on occasion on Usenet or in e-mail from readers.  […]  Nevertheless, the myth has no basis in fact.  The House passed the bill 298-60 on the evening of Dec. 22, 1913.  The Senate began debate the following day at 10 am, and passed it 43-25 at 2:30pm.4
What of the missing Senators?  Since there were 48 states in 1913, forty eight votes plus the tie-breaking vote of vice-President Thomas Marshall would have been sufficient to approve the bill even if all absent votes had been cast against the bill.  However, many of the missing Senators had their positions recorded in the Congressional Record.1  Of the 27 votes not cast, there were 11 ‘yeas’ (in favor of the bill) and 12 ‘nays.’ Even if the absentee Senators had been there, the Currency Bill would have passed easily.
President Wilson signed the Currency Bill into law in an «enthusiastic» public ceremony on Dec. 23, 1913

Traducción:
“La más estúpida de las teorías conspiratorias sobre la Reserva Federal, es que el Acta de ésta, fue aprobada el 23 de Diciembre de 1913 ilegalmente. La Constitución estipula que tanto el Congreso como el Senado deben tener al menos la mitad de sus miembros presentes para que haya quorum a la hora de votar una ley. De acuerdo con este mito, el Senado votó taimadamente el Acta sobre la Reserva Federal (en aquel tiempo llamada Currency Bill o “Ley sobre la Moneda”) en una sesión a altas horas de la noche cuando la mayoría de sus miembros se habían ido ya a sus casas o habían dejado la ciudad para irse de vacaciones. Esto se hizo para imponer la voluntad de una minoría pro-banqueros sobre una mayoría que se oponía. Dado que no había quorum suficiente, el Acta sobre la reserva Federal no sería válida.

Esta idea queda mejor descrita más como folklore que como una conspiración propiamente dicha porque nunca he sido capaz de verla impresa en papel, sólo ocasionalmente en Usenet o por e-mail que me envían los lectores. […] De cualquier forma, el mito no tiene base en los hechos. El Congreso aprobó la ley por 298 contra 60 en la tarde-noche del 22 de Diciembre de 1913. El Senado comenzó el debate al día siguiente a las 10 a.m., y la pasó por 43 a 25 a las 2:30 de la madrugada.
¿Y qué hay de los senadores ausentes? Pues dado que había 48 estados en 1913, 48 votos más el voto de calidad del vicepresidente Thomas Marshall habrían sido suficientes para aprobar la ley incluso si todos los votos de los ausentes hubieran ido en contra. Sin embargo, muchos de los senadores ausentes habían dejado su posición por escrito en los Registros del Congreso. De los 27 votos no lanzados, había 11 a favor de la ley y 12 en contra. Incluso si los senadores ausentes hubieran estado allí, la Ley sobre la Moneda habría sido aprobada fácilmente.
El presidente Wilson firmó la Currency Bill como ley (oficial) en una “entusiasta” ceremonia pública el 23 de Diciembre de 1913.”

http://www.publiceye.org/conspire/flaherty/flaherty2.html

Bueno, después de darle semejante varapalo a Zeitgeist seguramente creeríais que he acabado, ¿no?
Pues no, no he acabado. Zeitgeist sigue con una cita de Woodrow Wilson:

Años después, W. Wilson escribió arrepentido:
“Nuestra gran nación industrial está controlada por un sistema de crédito. Nuestro sistema de crédito está concentrado en manos privadas. El crecimiento de la nación y por consiguiente de todas nuestras actividades está en las manos de unos pocos hombres quienes, necesariamente o por motivos de sus propias limitaciones, congelan, frenan y destruyen la genuina libertad económica. Nos hemos transformado en uno de los peor gobernados, uno de los más completamente y dominados de los gobiernos del mundo civilizado, no más un gobierno de libre opinión, no más un gobierno de creencias y del voto de la mayoría, sino un gobierno de la opinión y coacción de un pequeño grupo de hombres dominantes.”
Woodrow Wilson.

Esa cita es falsa. Es mentira.

Volvemos a la maldita manía que tienen los autores de Zeitgeist de mentir con las citas de personajes famosos. Wilson nunca dijo eso. Wilson lo que verdaderamente dijo fue esto:

A great industrial nation is controlled by its system of credit. Our system of credit is privately concentrated. The growth of the nation, therefore, and all our activities are in the hands of a few men who, even if their action be honest and intended for the public interest, are necessarily concentrated upon the great undertakings in which their own money is involved and who necessarily, by very reason of their own limitations, chill and check and destroy genuine economic freedom. This is the greatest question of all, and to this statesmen must address themselves with an earnest determination to serve the long future and the true liberties of men.

Traducción:
“Una gran nación industrial está controlada por su sistema de crédito. Nuestro sistema de crédito está concentrado en manos privadas. El crecimiento de la nación, por lo tanto, y de todas nuestras actividades están en las manos de unos pocos hombres quienes, incluso si sus acciones son honestas y tienen como objetivo el interés público, están necesariamente concentradas en las grandes empresas en las cuales han invertido su propio dinero y quienes necesariamente o por motivos de sus propias limitaciones, congelan, frenan y destruyen la genuina libertad económica. Esta es la gran cuestión de entre todas, y a la que los hombres de estado deben dirigirse con seria determinación para servir al futuro lejano y las verdaderas libertades de los hombres.”

Esto lo escribió Wilson en su libro The New Freedom (1913).
Para una historia completa sobre esta cita, véase:
http://en.wikiquote.org/wiki/Woodrow_Wilson#The_New_Freedom_.281913.29

Vamos, se parece la cita de Zeitgeist a la auténtica como un huevo a una castaña. Igualitas son, vaya…
Por cierto, estas últimas frases de la cita que pone Zeitgeist en boca de Wilson no las encuentro por ninguna parte ni de mis libros ni de internet:
“Nos hemos transformado en uno de los peor gobernados, uno de los más completamente y dominados de los gobiernos del mundo civilizado, no más un gobierno de libre opinión, no más un gobierno de creencias y del voto de la mayoría, sino un gobierno de la opinión y coacción de un pequeño grupo de hombres dominantes.”

¿Por qué Zeitgeist se inventa las citas de los personajes históricos y famosos?

Igual que en mi anterior entrada (la que escribí yo, claro) acabé diciendo “éstas son las fuentes de Zeitgeist”, aquí os digo: “éstos son los datos de Zeitgeist”. Si queréis seguir creyéndooslos, allá vosotros. Podría escribir páginas enteras sobre todo esto, pero es que ni me voy a molestar, porque todo conduce a lo mismo, se pongan como se pongan los que creen en lo que dice Zeitgeist:

Zeitgeist miente.

Un saludo a todos.

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Para los que tengáis curiosidad, os informo que los comentarios a este artículo en el antiguo blog los podéis encontrar aquí (abajo, al final de cada página):

http://natsufan.livejournal.com/29556.html

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Siguiente artículo.

Zeitgeist contrastado (XVII). Introducción a «No te preocupes por los hombres detrás de la cortina». El discurso «The President and the Press», de Kennedy. La «Currency Act».

Anterior artículo.

Vuelta al índice.

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Bueno, pues vamos allá. Algunos os preguntaréis por qué mi marido y yo vamos a continuar el análisis del pseudodocumental con la tercera parte en vez de terminar la segunda. Básicamente porque la segunda parte requiere que desempolvemos nuestros viejos libros de Física y Química.

La segunda parte trata los atentados del 11 de Septiembre (especialmente todo lo sucedido en el World Trade Center), y hace mucho hincapié en cuestiones de índole más propias de un experto en demoliciones. Obviamente, nosotros no somos bomberos ni técnicos, así que un análisis exhaustivo de esa parte nos llevará mucho tiempo. Que lo haremos, pero que lo dejamos para después de analizar la tercera parte, cuyo contenido nos es mucho más familiar gracias a que tenemos muchos más conocimientos de Historia, Economía y Relaciones Internacionales. Por lo menos, nosotros creemos que los tenemos.

Un inciso. Entiendo que el éxito de Zeitgeist se basa en tratar temas de actualidad y plantear preguntas realmente importantes. Y parte de ese éxito se basa en que mezclan verdades con falsedades, tergiversaciones u omisiones. Y las partes segunda y tercera tienen más datos correctos que la primera (pero no muchos más). Al César lo que es del César, y a Zeitgeist lo que es de Zeitgeist.

Dicho esto, sigue teniendo errores garrafales que no son propios de un documental serio acabaremos viendo que, al final, son mentiras y tergiversaciones, no «errores inocentes». Es por eso que no lo llamamos “documental” sino “pseudodocumental”. Porque de documental tiene lo que yo de arzobispo de Zaragoza. Eso sí, donde tenga razón así lo admitiremos. Como hacemos siempre.

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La tercera parte comienza con un bonito discurso del presidente John Fitzgerald Kennedy (sí, el que asesinaron) defendiendo la libertad de expresión contra un complot mundial, y a favor de la libertad, y bla, bla, bla…

Aquí está la transcripción completa del discurso (en inglés):
http://www.presidency.ucsb.edu/ws/index.php?pid=8093

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Mr. Chairman, ladies and gentlemen:

I appreciate very much your generous invitation to be here tonight.

You bear heavy responsibilities these days and an article I read some time ago reminded me of how particularly heavily the burdens of present day events bear upon your profession.

You may remember that in 1851 t. he New York Herald Tribune, under the sponsorship and publishing of Horace Greeley, employed as its London correspondent an obscure journalist by the name of Karl Marx.

We are told that foreign correspondent Marx, stone broke, and with a family ill and undernourished, constantly appealed to Greeley and Managing Editor Charles Dana for an increase in his munificent salary of $5 per installment, a salary which he and Engels ungratefully labeled as the «lousiest petty bourgeois cheating.»

But when all his financial appeals were refused, Marx looked around for other means of livelihood and fame, eventually terminating his relationship with the Tribune and devoting his talents full time to the cause that would bequeath to the world the seeds of Leninism, Stalinism, revolution and the cold war.

If only this capitalistic New York newspaper had treated him more kindly; if only Marx had remained a foreign correspondent, history might have been different. And I hope all publishers will bear this lesson in mind the next time they receive a poverty-stricken appeal for a small increase in the expense account from an obscure newspaper

I have selected as the title of my remarks tonight «The President and the Press.» Some may suggest that this would be more naturally worded «The President Versus the Press.» But those are not my sentiments tonight.

It is true, however, that when a well-known diplomat from another country demanded recently that our State Department repudiate certain newspaper attacks on his colleague it was unnecessary for us to reply that this Administration was not responsible for the press, for the press had already made it clear that it was not responsible for this Administration.

Nevertheless, my purpose here tonight is not to deliver the usual assault on the so-called one-party press. On the contrary, in recent months I have rarely heard any complaints about political bias in the press except from a few Republicans. Nor is it my purpose tonight to discuss or defend the televising of Presidential press conferences. I think it is highly beneficial to have some 20,000,000 Americans regularly sit in on these conferences to observe, if I may say so, the incisive, the intelligent and the courteous qualities displayed by your Washington correspondents.

Nor, finally, are these remarks intended to examine the proper degree of privacy which the press should allow to any President and his family.

If in the last few months your White House reporters and photographers have been attending church services with regularity, that has surely done them no harm.

On the other hand, I realize that your staff and wire service photographers may be complaining that they do not enjoy the same green privileges at the local golf courses which they once did.

It is true that my predecessor did not object as I do to pictures of one’s golfing skill in action. But neither on the other hand did he ever bean a Secret Service man. My topic tonight is a more sober one of concern to publishers as well as editors.

I want to talk about our common responsibilities in the face of a common danger. The events of recent weeks may have helped to illuminate that challenge for some; but the dimensions of its threat have loomed large on the horizon for many years. Whatever our hopes may be for the future–for reducing this threat or living with it–there is no escaping either the gravity or the totality of its challenge to our survival and to our security–a challenge that confronts us in unaccustomed ways in every sphere of human activity.

This deadly challenge imposes upon our society two requirements of direct concern both to the press and to the President–two requirements that may seem almost contradictory in tone, but which must be reconciled and fulfilled if we are to meet this national peril. I refer, first, to the need for far greater public information; and, second, to the need for far greater official secrecy.

I.

The very word «secrecy» is repugnant in a free and open society; and we are as a people inherently and historically opposed to secret societies, to secret oaths and to secret proceedings. We decided long ago that the dangers of excessive and unwarranted concealment of pertinent facts far outweighed the dangers which are cited to justify it. Even today, there is little value in opposing the threat of a closed society by imitating its arbitrary restrictions. Even today, there is little value in insuring the survival of our nation if our traditions do not survive with it. And there is very grave danger that an announced need for increased security will be seized upon by those anxious to expand its meaning to the very limits of official censorship and concealment. That I do not intend to permit to the extent that it is in my control. And no official of my Administration, whether his rank is high or low, civilian or military, should interpret my words here tonight as an excuse to censor the news, to stifle dissent, to cover up our mistakes or to withhold from the press and the public the facts they deserve to know.

But I do ask every publisher, every editor, and every newsman in the nation to reexamine his own standards, and to recognize the nature of our country’s peril. In time of war, the government and the press have customarily joined in an effort, based largely on self-discipline, to prevent unauthorized disclosures to the enemy. In time of «clear and present danger,» the courts have held that even the privileged rights of the First Amendment must yield to the public’s need for national security.

Today no war has been declared–and however fierce the struggle may be, it may never be declared in the traditional fashion. Our way of life is under attack. Those who make themselves our enemy are advancing around the globe. The survival of our friends is in danger. And yet no war has been declared, no borders have been crossed by marching troops, no missiles have been fired.

If the press is awaiting a declaration of war before it imposes the self-discipline of combat conditions, then I can only say that no war ever posed a greater threat to our security. If you are awaiting a finding of «clear and present danger,» then I can only say that the danger has never been more clear and its presence has never been more imminent.

It requires a change in outlook, a change in tactics, a change in missions–by the government, by the people, by every businessman or labor leader, and by every newspaper. For we are opposed around the world by a monolithic and ruthless conspiracy that relies primarily on covert means for expanding its sphere of influence–on infiltration instead of invasion, on subversion instead of elections, on intimidation instead of free choice, on guerrillas by night instead of armies by day. It is a system which has conscripted vast human and material resources into the building of a tightly knit, highly efficient machine that combines military, diplomatic, intelligence, economic, scientific and political operations.

its preparations are concealed, not published. Its mistakes are buried, not headlined. Its dissenters are silenced, not praised. No expenditure is questioned, no rumor is printed, no secret is revealed. It conducts the Cold War, in short, with a war-time discipline no democracy would ever hope or wish to match.

Nevertheless, every democracy recognizes the necessary restraints of national security-and the question remains whether those restraints need to be more strictly observed if we are to oppose this kind of attack as well as outright invasion.

For the facts of the matter are that this nation’s foes have openly boasted of acquiring through our newspapers information they would otherwise hire agents to acquire through theft, bribery or espionage; that details of this nation’s covert preparations to counter the enemy’s covert operations have been available to every newspaper reader, friend and foe alike; that the size, the strength, the location and the nature of our forces and weapons, and our plans and strategy for their use, have all been pinpointed in the press and other news media to a degree sufficient to satisfy any foreign power; and that, in at least one case, the publication of details concerning a secret mechanism whereby satellites were followed required its alteration at the expense of considerable time and money.

The newspapers which printed these stories were loyal, patriotic, responsible and well-meaning. Had we been engaged in open warfare, they undoubtedly would not have published such items. But in the absence of open warfare, they recognized only the tests of journalism and not the tests of national security. And my question tonight is whether additional tests should not now be adopted.

That question is for you alone to answer. No public official should answer it for you. No governmental plan should impose its restraints against your will. But I would be failing in my duty to the Nation, in considering all of the responsibilities that we now bear and all of the means at hand to meet those responsibilities, if I did not commend this problem to your attention, and urge its thoughtful consideration.

On many earlier occasions, I have said-and your newspapers have constantly said-that these are times that appeal to every citizen’s sense of sacrifice and self-discipline. They call out to every citizen to weigh his rights and comforts against his obligations to the common good. I cannot now believe that those citizens who serve in the newspaper business consider themselves exempt from that appeal.

I have no intention of establishing a new Office of War Information to govern the flow of news. I am not suggesting any new forms of censorship or new types of security classifications. I have no easy answer to the dilemma that I have posed, and would not seek to impose it if I had one. But I am asking the members of the newspaper profession and the industry in this country to reexamine their own responsibilities, to consider the degree and the nature of the present danger, and to heed the duty of self-restraint which that danger imposes upon us all.

Every newspaper now asks itself, with respect to every story: «Is it news?» All I suggest is that you add the question: «Is it in the interest of the national security?» And I hope that every group in America-unions and businessmen and public officials at every level–will ask the same question of their endeavors, and subject their actions to this same exacting test.

And should the press of America consider and recommend the voluntary assumption of specific new steps or machinery, I can assure you that we will cooperate whole-heartedly with those recommendations.

Perhaps there will be no recommendations. Perhaps there is no answer to the dilemma faced by a free and open society in a cold and secret war. In times of peace, any discussion of this subject, and any action that results, are both painful and without precedent. But this is a time of peace and peril which knows no precedent in history.

II.

It is the unprecedented nature of this challenge that also gives rise to your second obligation–an obligation which I share. And that is our obligation to inform and alert the American people–to make certain that they possess all the facts that they need, and understand them as well–the perils, the prospects, the purposes of our program and the choices that we face.

No President should fear public scrutiny of his program. For from that scrutiny comes understanding; and from that understanding comes support or opposition. And both are necessary. I am not asking your newspapers to support the Administration, but I .am asking your help in the tremendous task of informing and alerting the American people. For I have complete confidence in the response and dedication of our citizens whenever they are fully informed.

I not only could not stifle controversy among your readers–I welcome it. This Administration intends to be candid about its errors; for, as a wise man once said: «An error doesn’t become a mistake until you refuse to correct it.» We intend to accept full responsibility for our errors; and we expect you to point them out when we miss them.

Without debate, without criticism, no Administration and no country can succeed-and no republic can survive. That is why the Athenian law-maker Solon decreed it a crime for any citizen to shrink from controversy. And that is why our press was protected by the First Amendment–the only business in America specifically protected by the Constitution–not primarily to amuse and entertain, not to emphasize the trivial and the sentimental, not to simply «give the public what it wants»–but to inform, to arouse, to reflect, to state our dangers and our opportunities, to indicate our crises and our choices, to lead, mold, educate and sometimes even anger public opinion.

This means greater coverage and analysis of international news–for it is no longer far away and foreign but close at hand and local. It means greater attention to improved understanding of the news as well as improved transmission. And it means, finally, that government at all levels, must meet its obligation to provide you with the fullest possible information outside the narrowest limits of national security–and we intend to do it.

III.

It was early in the Seventeenth Century that Francis Bacon remarked on three recent inventions already transforming the world: the compass, gunpowder and the printing press. Now the links between the nations first forged by the compass have made us all citizens of the world, the hopes and threats of one becoming the hopes and threats of us all. In that one world’s efforts to live together, the evolution of gunpowder to its ultimate limit has warned mankind of the terrible consequences of failure.

And so it is to the printing press–to the recorder of man’s deeds, the keeper of his conscience, the courier of his news–that we look for strength and assistance, confident that with your help man will be what he was born to be: free and independent.


Note: The President spoke at the annual dinner of the Association’s Bureau of Advertising held at the Waldorf-Astoria Hotel in New York City. His opening words «Mr. Chairman» referred to Palmer Hoyt, Editor and Publisher of the Denver Post, who acted as chairman of the dinner.

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Kennedy citó ese discurso ante la American Newspaper Publishers Association que, traducido, es algo así como la Asociación Nacional de Prensa americana. Leedlo, por favor, leedlo (espero que entendáis el inglés escrito medianamente bien… y si no, os recomiendo sinceramente aprenderlo: las fuentes en inglés son muchas más de las que se pueden encontrar en castellano, y más variadas). Pero hablábamos del discurso de Kennedy. No os podéis ni imaginar la cantidad de chorradas que se dicen en internet acerca de este discurso. Que si demuestra la existencia de una conspiración mundial encubierta, que si por decirlo lo asesinaron, que si en él acusa a no-sé-qué poderes fácticos… Haced una búsqueda en Google sobre el discurso The President and the Press, de J.F. Kennedy. Os va a dar la risa. La inmensa mayoría son o transcripciones directas del discurso o enlaces a páginas sobre conspiraciones mundiales.

¿Habéis leído ya el discurso? Bonito, ¿verdad? Qué bien habla de la libertad de prensa, y cuánto critica el secretismo y la ocultación de datos, ¿verdad? Y ahora digo yo:

¿¿¿No será porque tenía de público a la Asociación de la Prensa???

Si nos fijamos bien en el discurso de marras, observamos que es una alegoría, una defensa, un elogio si lo prefieren… de la libertad de prensa, de cómo los americanos se tienen que enorgullecer de una libertad de expresión que no hay en otros países. Fíjate tú que asegura que los americanos son tan majos que hasta dan información de sus armamentos en sus periódicos, ahorrándoles espías a sus enemigos. Toooodo ello en aras de la libertad de expresión y de la libertad de prensa. Me quedo con esta frase:

Perhaps there will be no recommendations. Perhaps there is no answer to the dilemma faced by a free and open society in a cold and secret war.

“Quizás no haya recomendación alguna. Quizás no haya una respuesta al dilema al que se enfrenta una sociedad libre y abierta en una guerra fría y secreta”.

¿Ya vais cogiendo por dónde voy? Lo cierto es que el discurso, sacado de contexto, puede resultar ambiguo y, por ello, puede utilizarse para refrendar o rebatir muchos argumentos.

Pero no es así si se lee con atención ENTERO.

Ahí no hay conspiración economicista ninguna. Kennedy dio el discurso con dos objetivos en mente: camelarse (adular) a los periodistas (para que lo trataran bien en los medios de comunicación), y… cagarse en los muertos del enemigo de siempre: los comunistas. Señores, seamos serios. Kennedy no está aquí denunciando ninguna conspiración judeo-masónica ni de los bancos internacionales. Kennedy está afirmando la superioridad de la democracia estadounidense sobre otros foreign power (potencias extranjeras) en base a la libertad de poner lo que les venga en gana en sus periódicos, cosa que esas potencias extranjeras no hacían por temor a perder el control sobre sus ciudadanos. ¿A qué potencias extranjeras se estaba refiriendo? Hombre, no hace referencias directas a ellas, pero si habla de una guerra fría, de Karl Marx, y de armamentos y objetivos militares, me parece a mí que no está hablando de Guinea Ecuatorial, precisamente. Yo más bien creo que se refiere a la gran potencia comunista por antonomasia de la época, la Unión Soviética.

Miren, señores. No le busquen tres pies al gato. No me saquen unas cuantas frases seleccionadas de un discurso y las utilicen para justificarme una conspiración o el asesinato de Kennedy. No insulten mi inteligencia, por favor.

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A continuación vienen varias citas de personajes famosos acerca de los poderes en las sombras. Por cierto, señores de Zeitgeist, procuren escribir bien el nombre de los autores de sus citas. Se escribe Benjamin Disraeli, no “Benjamin Dislaeli”, muchas gracias. Me imagino que el antiguo primer ministro inglés se retorcería en su tumba si se pudiera enterar de cómo escriben su apellido. Llegue usted a primer ministro para esto, con lo orgulloso que estaba el hombre de su apellido y orígenes judíos.

Seguimos con una pequeña introducción que nos resume el origen de la independencia de Estados Unidos. No sé si los lectores lo sabrán, pero los americanos no siempre fueron independientes. Hubo una vez que los Estados Unidos (las entonces trece colonias) prestaban vasallaje a Gran Bretaña. ¿Por qué motivo quisieron independizarse de la “tiránica” monarquía británica? El pseudodocumental afirma que fue, sobre todo, a causa de la Currency Act (en el documental no la llaman así). Expliquemos esto porque es importante para la crítica posterior a Zeitgeist.

Los americanos compraban cosas a Gran Bretaña, la metrópoli. Con dinero. Con dinero hecho de oro y plata, porque la ley inglesa no permitía el cobre, ya que era de baja ley. Y compraban más cosas a la metrópoli de las que ellos les vendían de vuelta (o sea, los americanos recuperaban menos oro del que salía de América). Dado que el oro escaseaba por ello en las trece colonias (aquello no era como en las colonias españolas, donde había oro a cascoporro), el poco que había se usaba para pagar las mercancías británicas, ¿vale? Y el volumen comercial interno de las trece colonias (lo que los americanos se compraban a sí mismos), para evitar hacerlo con el escaso oro (que se necesitaba para comprar mercancías inglesas), se realizaba con… papel. Sí, con pagarés. Una especie de documento donde ponía “la colonia de Virginia o la de Massachussetts o la que sea le asegura a usted que este papelito vale tantos soberanos de oro, de verdad que sí”. Y con eso pagaban un carro, un caballo o un fusil. Era lo que se llamaba un “dinero de fe”, esto es, todos asumimos que tenemos fe en que ese papel vale oro. Ustedes dirán “pues yo no me fiaría de eso”. Ni yo. Pero NO HABÍA ORO, así que no había más remedio que fiarse, o ir cargando al mercado con veinte gallinas para cambiar por una escopeta (a eso se le llama «trueque», pero es arcaico de narices, incómodo, y se pierde mercancía en los traslados). Cuando Gran Bretaña terminó la guerra (una de ellas) con Francia, el gobierno de Su Majestad se encontró sin una triste moneda en las arcas. ¿Y dónde buscó los dineros? En sus colonias, claro. Y se lió a cargarlas de impuestos. Y los americanos se cabrearon, por supuesto. Aunque la cosa no habría pasado a mayores si no fuera por un pequeeeeeeño detalle. Los impuestos había que pagarlos en oro. Gran Bretaña no sólo no admitía aquellos papeluchos… sino que los prohibió con una ley que se llamó Currency Act (Ley de la Moneda). Y los americanos se cabrearon DE VERDAD. Máxime cuando los impuestos les fueron endilgados por un parlamento inglés… donde los colonos americanos no tenían representación directa ninguna. Si hay algo que le cabrea de verdad a un americano son… los impuestos. Y si son impuestos sin razón, ya ni te cuento. Y estalló la Guerra de Independencia. Los americanos ganaron, crearon su propio país, y el resto es Historia.

Hasta ahí de acuerdo. Pero tengo que discrepar con Zeitgeist en varias cosas.

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Primero. Si bien es cierto que Benjamin Franklin aseguró que la causa principal de la revolución fue la Currency Act... los demás padres fundadores no lo creyeron así (y hubo un total de cuarenta y uno padres fundadores, con lo que los que no estaban de acuerdo eran otros cuarenta… cosa que Zeitgeist no menciona). Las causas principales según éstos fueron los nuevos impuestos y leyes, las llamadas por los americanos Intolerable Acts (Leyes Intolerables). ¿Por qué? Porque Gran Bretaña no prohibió el uso INTERNO del papel moneda emitido por las colonias, sino que los impuestos fueran pagados con ese papel moneda, que nada valía en la metrópoli. Es decir, los americanos tenían que pagar impuestos y pagarlos en oro. Al no poder hacerlo, muchos colonos se empobrecieron. Pero los demás, los que se dedicaban al comercio del tabaco, del algodón o del azúcar (y que cobraban en oro procedente de Gran Bretaña u otros países) sí podían pagar en oro. Les bastaba con recurrir más aún a los pagarés para el día a día, y reservar el oro para Inglaterra. Los más pobres no pagaban impuestos, recurrían a los pagarés o al trueque.

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Segundo. En el pseudocumental se asegura que los colonos se vieron obligados a pedir dinero con interés al Banco de Inglaterra para pagar los impuestos. Pues yo eso no lo he podido comprobar, lo siento. Creo que puede ser cierto en el sentido en que si no había oro en circulación, los americanos (algunos) se pudieron ver obligados a comprar oro (o dinero en oro) a algún banco inglés. Con interés, por supuesto. Pero hasta qué punto fue esto así yo no lo veo claro, no he encontrado referencias al respecto en ningún libro de Historia. Si alguien sabe algo al respecto (que no venga de las fuentes de Zeitgeist), por favor no dude en iformarme mediante los comentarios.

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Sinceramente, creo que el pseudodocumental sobrevalora la importancia de la Currency Act, agarrándose a la declaración de Benjamin Franklin. Históricamente, se le ha dado más importancia a los impuestos excesivos, especialmente a la Stamp Act (Ley del Timbre), que tuvieron una mayor importancia para la rebelión. De hecho, fue esta Ley del Timbre la que más odio suscitó en América cuando fue aplicada (gravaba el uso de cualquier documento oficial, desde testamentos hasta actas judiciales… ¡incluídos los naipes!), hasta el punto de que el mismísimo Benjamin Franklin reconoció no esperarse aquella reacción.

Como podéis observar, incluyen datos correctos, pero los interpretan como les da la gana a ellos con una intención, que es la de demostrar sus tesis. Volvemos a lo de siempre: el método científico consiste en recopilar los datos, analizarlos, y llegar a una conclusión. Coger una conclusión y escoger de entre los datos para defenderla puede ser bienintencionado para quien crea que tiene la verdad absoluta, pero NO es método científico, y quien hace tal cosa NO está haciendo un documental.

Pero aún no habéis visto lo bueno. Continuamos en el siguiente artículo, sobre la Economía.

Un saludo a todos,

Natsu

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Para los que tengáis curiosidad, os informo que los comentarios a este artículo en el antiguo blog los podéis encontrar aquí (abajo, al final de cada página):

http://natsufan.livejournal.com/27315.html

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Siguiente artículo.

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