El diario cada vez menos privado de Natsu

31 enero 2010

Si España no sale a la calle por esto, nos merecemos todo lo que nos pase. El sistema de pensiones.

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Hola a todos.

De nuevo, sé que hace mucho que no escribo, pero primero va lo primero. En vacaciones de Navidad estuve ocupada, y pensé en escribir después. Y después se me echó encima trabajo extra, y después se me han echado encima los exámenes de febrero de la universidad. Así que os pido disculpas por no actualizar más, y por no haber contestado ni desfiltrado los comentarios (los tengo en la bandeja de cosas por hacer, no me olvido, es que no tengo tiempo). De hecho, no iba a actualizar hasta acabar los exámenes, que están a la vuelta de la esquina. Pero las circunstancias últimas de mi país me impulsan a redactar una entrada, aunque sea para, como diría Arturo Pérez-Reverte, ciscarme en los muertos de los gobernantes de España. Y para llamar a la Revolución, porque esto es de traca.

Hace tiempo que quiero escribir para comentar acerca de las barrabasadas que realizan algunos gobernantes. Por ejemplo, a punto estuve de dedicar una entrada a Cristina Fernández de Kirchner y su llantina porque el presidente del Banco Central Argentino hacía su trabajo. Haré un brevísimo resumen, porque no es éste el tema del que quiero hablar, y porque Chemazdamundi quiere tratar este tema en su bitácora:

(more…)

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2 noviembre 2009

Utopía y sentido crítico: juzgar prioridades y planes a largo plazo. La energía.

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Hola a todos de nuevo. Hace tiempo que quiero seguir tratando sobre las Utopías, pero no conseguía encontrar un tema con el que inspirarme. Y he topado via menéame, con el libro Sustainable Energy without Hot Air (“Energía sostenible sin charlatanería”), de David JC MacKay. He estado entretenida leyéndomelo de cabo a rabo, y aquí vuelvo, para hablar sobre la sostenibilidad de las energías renovables.

Por cierto, el Sr. MacKay es de los míos y os ha colgado el libro en internet para que lo leáis a gusto y gratis, también descargable en .pdf o legible en línea. Y tan cómodo que lo ha dejado, dividido por capítulos y distinguidos por colores. Cuadro de contenidos del libro:

http://www.withouthotair.com/Contents.html

Lo que ha hecho este señor en su libro Energía sostenible sin charlatanería, es la labor de echar cuentas al respecto del consumo energético, y sobre las posibilidades que tenemos de sustituir dicho consumo por energías renovables y sostenibles. El libro es muy interesante y ameno. No lo he encontrado en castellano, (si alguien lo encuentra en español que avise, por favor). De todas formas, a quien no lo pueda leer en inglés, por su bien le recomiendo que se ponga a aprenderlo cuanto antes. Hoy en día, la lengua de Shakespeare hay que dominarla, o no se tiene acceso completo a los contenidos de internet (la mayor parte están en inglés, y si no, las primeras y mejores traducciones suelen surgir en este idioma).

Pero volviendo al tema de la energía sostenible. Considero que el tema es importante si hablamos de sociedades utópicas. La energía, para que nos aclaremos, es trabajo. Si tenemos una máquina que puede hacer un trabajo, y energía con que hacer funcionar la máquina, pues resulta que un montón de personas ya NO tendrán que hacer ese trabajo. Ciertamente, tendrán que buscar otro empleo, pero creo que todos estamos de acuerdo en que si se perdieron los empleos de jornalero y gañán en el campo, de echar todo el día de sol a sol arando, sembrando y recogiendo, y ahora ese trabajo lo hacen tractores y cosechadoras, mientras que los hijos de los jornaleros están sirviendo copas, arreglando tractores o haciendo pan en hornos industriales, los nuevos trabajadores han salido ganando, ¿cierto? Hemos sustituido un trabajo duro que requería fuerza bruta por otro tipo de empleos más edificantes (o menos onerosos) para el ser humano. El de camarero es un trabajo duro y poco edificante, pero os aseguro que es mejor que cosechar trigo a mano. En suma, si buscamos crear una sociedad “ideal” en la que los humanos tengan sus necesidades básicas cubiertas y puedan dedicar sus vidas a desarrollar su potencial, imagino que todos estaremos de acuerdo en que vamos a necesitar energía. Para hacer los trabajos más duros (agricultura y construcción mecanizadas, llevar cosas de un lado a otro), y para tener la electricidad que nos permite mantener encendidas las bombillas, los ordenadores, los generadores de emergencia de los hospitales, las torres de control de los aeropuertos, los móviles, etc. De algunas de estas cosas podemos prescindir. Se puede vivir sin teléfonos móviles. Los tractores, medios de transporte, desfibriladores de hospital e instrumentos avanzados en medicina, son necesarios.

En suma: que para conseguir una sociedad más o menos ideal donde todos tengan sus necesidades físicas básicas satisfechas, y por lo tanto se puedan dedicar a satisfacer otras necesidades más elevadas, como las de leer, aprender, demostrar la Teoría de cuerdas o escribir óperas, necesitamos tecnología. Y para mantener la tecnología funcionando necesitamos energía. Y ahora mismo, con la energía tenemos un problemón: que en general, la sacamos de combustibles fósiles. O sea, de cosas que se acaban y no sabemos cómo hacer más. Ergo, o movemos el culo para sacar la energía de otro lado, o no sólo no conseguiremos una sociedad ideal, sino que los avances que hemos conseguido durante los últimos tres siglos se verán seriamente amenazados. Porque como escribió Mark Twain “los principios morales sólo tienen sentido con el estómago lleno”. Seis mil millones de personas peleándose todas por comida, no pensarían demasiado en la ética, me temo. Quedarnos sin energía suficiente implicaría hambrunas, desempleo, aumento de la criminalidad y la violencia, guerras… Hay que buscar otras fuentes de energía, sí o sí.

De modo que:

1º. Necesitamos energía para mantener una sociedad justa y civilizada.

2º. Tenemos que sacarla de alguna parte, y los combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón), se acaban.

3º. Los combustibles fósiles, además de que se acaban y cada vez van a ser más caros, contaminan un huevo y nos fastidian la habitabilidad del planeta. Hay quien duda de esta acusación, y dice que total, si es por contaminación, todavía no se debería hacer nada, porque todavía no es seguro que haga falta, y después de todo, para qué molestarse…

¿Mi opinión? Para que la entendáis, voy a haceros unas cuántas preguntas y las vais a responder vosotros solitos. Os dejo espacio para ello.

PREGUNTA: ¿Cuántas formas de gobierno tenemos?
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RESPUESTA: Están las dictaduras, reinados, imperios, dictaduras comunistas, dictaduras religiosas y democracias, pero centrándonos en éstas últimas que son las que interesan, las hay monárquicas, republicanas, con listas abiertas, con listas cerradas, federalistas, centralizadas, regionalistas, cantonalistas, conservadoras, progresistas, unicamerales, bicamerales, presidencialistas, y un largo etcétera.

PREGUNTA: ¿Cuántos sistemas económicos tenemos?

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RESPUESTA: El capitalista, el comunista, el de subsistencia y muchos subsistemas como el socialdemócrata, el del estado del bienestar, el proteccionista, el liberalista, los mixtos… y otro largo etcétera.

PREGUNTA: ¿Cuántos planetas tenemos?

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En algunas cosas, no se puede escatimar el gasto y el esfuerzo. ¿En cuáles?

En aquéllas en las que no podemos escoger.

Así que, y espero que esto quede claro: dudas o no dudas, no podemos arriesgarnos a joder el planeta porque de momento, no hay repuestos. Y aunque los hubiera, los combustibles fósiles se están acabando, de modo que hay que sustituirlos por otra cosa. Que se pueda mantener en el tiempo, que no se apaguen las luces en treinta años y nuestros nietos tengan que tirar del arado con la ayuda del perro. ¿Hasta aquí todos de acuerdo?

Aquí es donde entra el tema más serio. Todos queremos deshacernos del petróleo y el carbón, porque se acaban y contaminan. Nadie quiere centrales nucleares de fisión cerca de casa, porque aunque generan pocos residuos (en comparación con el petróleo y el carbón), esos residuos son altamente peligrosos. La posibilidad de desastre es escasa, pero cuando ocurre un accidente (o si ocurriera un ataque terrorista, que podría ser), las consecuencias son catastróficas. Y por supuesto, está el tema de que las centrales nucleares de fisión funcionan con uranio, que no lo regalan. Ahora mismo hay bastante uranio en el mundo, pero si nos ponemos todas las naciones a gastar uranio para sustituirlo por el petróleo, también se acabará rápido y subirán los precios. Y aquí es donde el libro Energía sostenible sin charlatanería entra a resolver unas cuantas dudas.

David JC MacKay es profesor de Física en Cambridge (no está mal para empezar). Aquí tenéis un vídeo en el que habla de los motivos que le llevaron a escribir el libro:

http://www.youtube.com/watch?v=oRQB2YXUxvY

Los motivos de MacKay:

Empezó a ver que los medios de comunicación plasmaban la creciente preocupación social sobre la ecología, el efecto invernadero y la falta de energía. Y se dio cuenta de que se estaban planteando el tema de modo erróneo. Por ejemplo, cuenta que se insistía muchísimo con desenchufar el cargador del móvil cuando éste ya está cargado. El mantra es “cada poco que hagas ayuda”. El error de cálculo, según MacKay, es que si todos hacemos “un poco”, entre todos, conseguiremos muchos “pocos”, pero no arreglaremos el problema. Este hombre se puso con gran paciencia, a medir el gasto energético que hacían los cacharros en su casa. Y llegó a la conclusión de que, por ejemplo, es mucho más rentable apagar la impresora y ponerse un suéter cuando hace frío, que desenchufar el cargador del móvil. Cuando no está cargando, el cargador del móvil consume tan poco, que de tenerlo siempre controlado y desenchufado, la energía que ahorraríamos al año sería la equivalente de evitar un baño caliente. En suma, a este hombre le pasó lo mismo que a mí: vio que se estaba vendiendo mucha información contradictoria. A la gente le dicen “si todos hacemos un poco, juntos haremos mucho”. Pero según MacKay, el razonamiento es erróneo, porque ese mucho que ahorremos entre todos seguirá siendo poco en comparación con el inmenso “mucho” que consumimos.

Me voy a permitir el lujo de citar directamente a MacKay, de la página 114 del libro (en inglés aquí: http://www.inference.phy.cam.ac.uk/withouthotair/c19/page_114.shtml).
En azul el extracto del libro:

No os hagáis ilusiones. Para conseguir nuestro objetivo de abandonar los combustibles fósiles, las reducciones en la demanda (de energía) y aumentos en el suministro deben ser grandes. No os dejéis distraer por el mito de que “cada poquito ayuda”. Si todo el mundo hace un poquito, conseguiremos sólo un poquito. Tenemos que hacer mucho. Lo que hace falta son cambios grandes en demanda y suministro.

“Pero seguro que si 60 millones de personas hacen todas ellas un poquito, sumado será mucho, ¿no?”

No. Esta máquina de multiplicar “si todo el mundo”es sólo una forma de hacer que algo pequeño suene grande. La máquina de multiplicar “si todo el mundo” saca frases inspiradoras como “si todo el mundo hiciera X, eso facilitaría energía/agua/gas para hacer Y”, donde Y suena impresionante. ¿Es una sopresa que Y suene tan grande? Por supuesto que no. Conseguimos Y multiplicando X por el número de personas implicadas ¡60 millones o así! Aquí hay un ejemplo del Programa para una economía verde (por lo demás de redacción bastante directa) del Partido Conservador:

“El cargador de móvil suele tener una media… de 1 W de consumo, pero si cada uno de los 25 millones de cargadores de móvil de país se quedaran enchufados y encendidos consumirían suficiente eleectricidad (219 Gwh) para dar energía a 66.000 hogares un año”.

¿66.000? ¡Uauh, eso es un montón de hogares! ¡Apagad los cargadores! 66.000 suena como si fuera mucho, pero lo razonable es compararlo con el número total de hogares que imaginamos participando en esta gesta de conservación, a saber, 25 millones de hogares. 66.000 es sólo un cuarto de un uno por ciento de 25 millones. así que aunque la frase citada anteriormente es cierta, creo que una forma más tranquila de expresarlo es:

Si dejas el cargador del teléfono móvil enchufado, éste usa un cuarto de un uno por ciento de la electricidad de tu hogar. (Nota de Natsu: el 0,25 %).

¿Y si todo el mundo lo hace?

Si todo el mundo deja conectado su cargador del teléfono móvil enchufado, esos cargadores gastarán un cuarto de un uno por ciento de la electricidad de sus hogares. (NdN: sigue siendo un miserable 0,25 %, lo siento).

Qué bien se expresa este hombre, ¿eh? Espero que haya quedado claro. No es que el Sr. MacKay ni yo os estemos dando vía libre para dejar encendido el cargador, desenchufadlo aunque sea por no perder la costumbre de apagar los electrodomésticos cuando no se usan. Lo que está diciendo este señor, es que si queremos sustituir los combustibles fósiles, hacen falta cambios drásticos. Y que si vamos a reducir el consumo energético, no podemos centrarnos ni agobiar a la gente con cambios que son nimios o no solucionarán el problema, para que se den una palmadita en la espalda por desenchufar el cargador y se olvidan del tema. Y si vamos a producir más energía que no venga de combustibles fósiles ni uranio, vamos a tener que producir mucha, mucha, mucha. Y MacKay nos recuerda que cuando intentemos ahorrar energía y producir más, que lo hagamos bien, que echemos las cuentas, y que hagamos cosas que de verdad tengan impacto.

Entonces, ¿qué hace el Sr. MacKay en su libro? Pues básicamente, echar cuentas sobre lo que gastamos en energía, lo que podemos producir con renovables/sostenibles, y lo que podemos ahorrar con el consumo que tenemos. Parece una tontería, pero es tan simple como:

  1. ¿Cuánta energía gastamos? Tanta. Utiliza en general medidas de población mundial, y suele basarse en la población del Reino Unido, pero deja las cifras bien claras y redondas para que sean extrapolables a otros países o a la población mundial.
  2. Considerando lo que gastamos, ¿cuánta energía tenemos que producir con renovables? Tanta.
  3. Considerando lo que gastamos, ¿qué podemos hacer para ahorrar energía? Por ejemplo, hay muchas cosas que se pueden hacer para ahorrar energía, que son más eficientes que desenchufar el cargador del móvil (desenchúfalo de todas formas, mucho ojo), pero por ejemplo, él sugiere otras opciones que ha calculado son más rentables.3. A. Bajar la calefacción un grado y ponerse otro suéter (pulóver en Sudamérica). Ahorra muchísimo.3. B. Apagar la impresora cuando no imprime. MacKay pone una lista de trastos que hacen muchísimo gasto en standby, mientras que otros no gastan casi nada cuando están en standby o enchufados. De nada sirve desenchufar el cargador del mp3, cuando te está gastando el cuádruple la impresora, o si vas por casa en mangas de camisa cuando nieva fuera.
  4. A la hora de producir, según este hombre, resulta que SÍ, es posible vivir de las renovables. Pero no bastan los esfuerzos “de cara al público” que están haciendo ahora nuestros políticos. Para producir energía renovable que sustituya al petróleo y el carbón, hay que construir placas solares en zonas que se miden por millones de kilómetros cuadrados. Millones.
  5. Conclusión: si queremos arreglar el problema antes de que sea tarde, no hay que ponerse a construir dentro de 20 años. Hay que ponerse a construir YA. Ahora. De hecho, debimos empezar hace años…

Otra conclusión muy importante a la que llega el Sr. MacKay es una advertencia. Nos advierte de que cualquier plan que tengamos o que apoyemos en nuestros políticos, debe ser un plan “en el que cuadren las cuentas”. O sea, que cuando un político nos prometa el oro, el moro y el toro, y que con él la contaminación va a desaparecer porque ellos van a invertir tantospocientosmil euros/pesos/dólares/lo que sea en renovables… Es importante leer el plan y asegurarse, como dice MacKay, de que las cuentas cuadran. Hacen falta muuuuuchos molinos y muuuuuuchas placas fotovoltaicas para sustituir nuestro consumo energético. Por lo tanto, cualquier gran mega proyecto que nos ofrezcan nuestros políticos (o los organizadores del Proyecto Venus), tenemos que revisarlo punto por punto para saber si realmente se va a producir energía como para que haya un cambio real, o si pese a los grandes números (“una inversión de tantos millones de euros en un plazo de tantos años”), va a resultar que, pese a todo, seguiremos dependiendo del petróleo y del carbón. Porque puede que nos digan que van a hacer un gran, grandísimo parque solar de, pongamos, el tamaño de diez estadios de fútbol, y nosotros pensemos “oh, bueno, eso es muchísimo espacio, nuestros gobernantes están trabajando en ello”. Pero resulta que, por ejemplo, para cubrir la demanda energética de Reino Unido (60 millones de personas) con placas solares de alto rendimiento, haría falta una zona cuadrada de 145×145 kms cubierta completamente de placas solares (de alto rendimiento, repito). Eso son 21.025 kilómetros cuadrados de superficie. España tiene aproximadamente unos 45 millones de habitantes, así que a la cuenta de la vieja, con una regla de tres, la superficie que hay que empedrar con placas solares (en pleno desierto, donde apenas llueva o el cielo esté cubierto tan sólo cinco o seis días al año), sería de 15.768,75 kilómetros cuadrados. Lo que equivale a 15.768.750 m2. QUINCE MILLONES de metros cuadrados, o para que nos entendamos y en plan periodista de hoy en día, para quienes el “estadio de fútbol” es una medida oficial, hablamos de 2.208.508 de veces la superficie de juego del Camp Nou (más grande que Córdoba, la provincia donde vivo). Por eso, cuando nuestros medios de comunicación intenten “vendernos” el último plan de energías renovables o de suficiencia energética del gobierno, o de cierto partido político, hay que asegurarse de que el plan que intentan “vendernos” sea un plan, como dice MacKay, en el que cuadren las cuentas. Y poner placas solares en el equivalente a “cien estadios de fútbol”, como veréis, es algo, pero no se acerca ni de lejos a lo que hace falta.

Veréis que, si queremos que cuadren las cuentas, vamos a tener que invertir muuuucho en renovables, Investigación y Desarrollo (I+D), y desde antesdeayer. Y nada de esto se está haciendo, o no con la intensidad, el ímpetu ni el apoyo estatal y económico necesarios. Quizás, en parte, porque la sociedad no sabe lo que se juega, y tampoco es consciente del cambio tan drástico que se necesita.

Lo verdaderamente triste, es que si queremos potenciar este cambio de producción de energía, entre todos podemos conseguirlo, y no se está haciendo. Y no me refiero a la parte de ahorrar, en la que la gente está dispuesta a colaborar, sino a las altas esferas que deberían estar gestionando el problema desde hace años, y no se les ve ni intentarlo. Por supuesto, producir nuestra propia energía con renovables requeriría una inmensa inversión, durante años, si no décadas, y en fuentes renovables distintas (yo he sacado el ejemplo de la energía solar, pero el libro trata todas: eólica, geotérmica, posible fusión nuclear, etc). También habría que potenciar la investigación para mejorar las fuentes de energía que ya tenemos, y la eficiencia en su uso.

En cuanto al desarrollo de nuevas fuentes de energía, la fusión nuclear ahora mismo se está investigando, y de funcionar, solucionaría la necesidad de energía de la humanidad un mínimo de unos 1000 años, y sin residuos radiactivos tan graves como los que producen los generadores de fisión (los actuales, vaya). Os preguntaréis, ¿estamos investigando al respecto? Pues sí, en Francia ahora mismo están construyendo un generador de fusión experimental, el ITER (página oficial http://www.iter.org/default.aspx). Este megaproyecto lo estamos pagando entre varios países (la Unión Europea, Estados Unidos, Japón, China, Corea, e India, de momento), y costará unos 10 millardos de euros (millardo=mil millones, un billion inglés). Así a simple vista, suena muy caro. Mil millones de euros al año en unos diez años en que durará la construcción, ahí es nada. Pero si luego leéis noticias como ésta:

http://www.elmundo.es/elmundo/2009/10/31/espana/1257025522.html

¿Cuatro mil millones de euros en diez años, sólo en corrupción política? Y eso sólo según el informe de la Fiscalía Anticorrupción y Tribunales de Justicia, o sea, eso ha sido sólo lo que se ha averiguado, a saber qué es lo que la justicia no ha encontrado.

¿Cuánto conseguiríamos de ser una sociedad con más sentido crítico, que castigara la corrupción de sus dirigentes? ¿Cuánto más justa sería la sociedad si supiéramos, entre todos, poner en su sitio a quienes la dirigen? Hay un megaproyecto internacional que podría salvar a la humanidad de la carestía energética y el desastre ecológico. Y sólo tenemos uno en Francia, entre muchos países, porque es caro. Pero resulta que, sólo en robos de políticos, hemos gastado en 10 años, en este país, un 40% de lo que cuesta ese megaproyecto que podría salvar a la humanidad. Que, de funcionar, nos liberaría del petróleo y nos daría la independencia energética. Si España, que no es un país precisamente rico, ha podido perder en 10 años 4.000 millones de euros sólo en corruptelas, ¿qué no podrían conseguir todos esos países juntos, si de verdad destinaran sus recursos a investigación sobre nuevas energías? Viendo las cifras de presupuestos generales de todos los países implicados, llegamos a la conclusión de que 1000 millones de euros al año en diez años, no es más que calderilla. Estamos hablando del principal problema económico, ecológico y social al que se enfrenta la humanidad, y al que se enfrentará de aquí a treinta años, y no estamos invirtiendo más que calderilla en solucionarlo. En España, hemos perdido más dinero en los robos de nuestros políticos, que la parte proporcional que hemos invertido en el ITER.

Para cambiar la sociedad, necesitamos un cambio de mentalidad. Y volviendo a las sociedades utópicas, permitidme recordároslo de nuevo: ninguna sociedad que intente ser ideal se sostendrá sin el sentido crítico y de la ética de sus habitantes. Ahora mismo nuestros gobernantes, los gobernantes de todos esos países que he mencionado, se gastan nuestro dinero en ayudas a bancos, en guerras, en crear puestos de trabajo para sus familiares, y no en solucionar nuestros problemas. Sólo cuando seamos capaces de investigar, seguir los actos de nuestros dirigentes, y castigarles en las elecciones (con permiso de los chinos, que por desgracia no pueden) por su incompetencia, sólo cuando escojamos a políticos competentes y honrados, independientemente de su afiliación política, de su carisma o de su simpatía, independientemente de que nos caigan bien o mal… Sólo entonces podremos conseguir una sociedad más justa. Pueden intentar miles de gurús con las mejores intenciones crear una sociedad perfecta, que nunca lo será si sus habitantes miran a otro lado cuando los dirigentes derrochan la riqueza común en lugar de invertirla en sus propias necesidades. De nuevo, si queremos una sociedad mejor, tenemos que desarrollar el sentido crítico para detectar lo que funciona y lo que no, lo que necesitamos, lo que necesitamos urgentemente, lo que nos va a costar años conseguir, y si nuestros dirigentes están trabajando en ello, o se están dedicando a robarnos. En suma, sólo una sociedad bien educada, culta, con sentido crítico y dispuesta a juzgar a su clase política con firmeza, puede conseguir las más altas cotas de eficiencia y justicia. La mayor parte de los seres humanos viven en la pobreza y bajo gobiernos dictatoriales, y no pueden escoger a sus gobernantes. Pero los que sí podemos, tenemos la obligación de tomarnos esa elección como un deber ético: hacia el resto de la humanidad, hacia nuestros descendientes, y hacia nosotros mismos.

Un abrazo a todos,

Natsu

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